Clandestinos NO!

Observatorio de acceso a abortos
legales acompañados por SenRed

Afectos, acercamientos y alejamientos en el acceso a una Interrupción Legal del Embarazo

Verse afectada por algo, de tal manera que nos movemos hacia o nos alejamos de esa cosa, es una orientación hacia algo.

Sara Ahmed[i]

El acceso sin discriminaciones a la interrupción legal del embarazo (ILE) requiere protagonismos clave dentro del sistema de salud: el de las y los profesionales que intervienen y el de quienes desempeñan tareas administrativas y de seguridad en los establecimientos sanitarios. El Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la ILE del Ministerio de Salud de la Nación advierte que una de las condiciones de atención integral de este servicio es brindar un trato humanizado que responda las necesidades de salud emocional y física de quien solicita un aborto.

Durante abril y junio de 2020, Socorristas en Red acompañó a 1.427 mujeres y otras personas con capacidad de gestar en sus accesos a Interrupciones Legales del Embarazo en estructuras y establecimientos del sistema de salud. Como señala el informe Acompañamientos socorristas en abril, mayo y junio 2020, la gran mayoría de estas personas señaló haber recibido buenos tratos por parte de las y los profesionales de la salud que intervinieron. No obstante, reflexionar acerca de estas situaciones en términos dicotómicos únicamente como buenas o malas experiencias constituye, mínimamente, una mirada simple o limitada que omite la densidad condensada en estos tránsitos por el sistema de salud.

La feminista Joan Scott, en su texto Experiencia (2001),[ii] sugiere que ésta es “siempre una interpretación y requiere una interpretación”. Asimismo, advierte que no se trata de algo ni claro, ni evidente, ni directo, sino que se encuentra en disputa, “y por lo tanto siempre es político”. A partir de estas ideas y de la recopilación de relatos sobre interrupciones legales del embarazo acompañadas por Socorristas en Red, reflexionamos sobre algunos afectos que condicionan e influyen en esas experiencias.

Siguiendo el epígrafe de Ahmed, cuando algo nos afecta orienta nuestras acciones y, en consecuencia, nos alejamos o acercamos a ese algo. En los relatos seleccionados hay elementos que involucran palabras, gestos y actitudes que habilitan u obstruyen el acceso a un derecho, es decir, los ambientes de atención sanitaria pueden ser más o menos hostiles. Es decir, podemos pensar que la ILE puede transitarse como la práctica de un derecho o, por el contrario, ofrecerse como un favor que se le hace a la/le paciente.

A continuación, describiremos un panorama sobre cómo los contextos en que se solicita y transita una ILE pueden generar, entre quienes acuden al sistema de salud, actitudes de alejamiento o acercamiento. Cuando una situación nos afecta negativamente es probable que nos alejemos de ella o que nos quede registrada en la memoria como una experiencia por la cual no se desea volver a pasar. En este sentido, todo lo que allí acontece podría considerarse como una suma de factores que tienden a ser expulsivos. Algunos ejemplos aparecen en los relatos recopilados cuando se refieren a la espera, a los destratos sufridos, al miedo al rechazo y/o a la sensación de sentirse cuestionada por parte de las y los trabajadores del sistema de salud o de quienes eventualmente realicen la atención.

El relato de Silvana urde diversos elementos que le permiten evaluar su tránsito por el sistema de salud como una de las “peores experiencias” vividas en un hospital público y que podría ser, en el futuro, un factor de alejamiento del mismo.

Hacerme esa eco fue una de las peores experiencias que he vivido en un hospital público. La administrativa de mesa de entrada me miró mal al leer el pedido de eco desde mi celu. Me dijo que tendría que esperar hasta lo último, porque venía sin turno. Pasaron dos horas y hasta entraban las personas que habían llegado después de mí. Todas menos yo. Fui la última, casi cuatro horas esperando. Cuando ingreso, dos hombres me miran el teléfono con pedido de eco y ponen cara de “no queda otra”. […] Detallito: se olvidaron que yo estaba ahí por una ILE y hasta hablaban de medidas y sonidos frente a mí. Un espanto, pero no me animé a decir nada, no vaya ser que no me hicieran la eco.

Silvana, 31 años, San Luis

Tanto el rol de la administrativa que la recibe en mesa de entrada como el de los dos varones que le hicieron la ecografía se enmarcan en un trato que configura atenciones sanitarias hostiles. En primer lugar, señala que la recepcionista la “miró mal” y le indicó esperar “hasta lo último” por no tener turno. La espera de “casi cuatro horas” podría ser interpretada en dos sentidos principales. Por un lado, apelar al desgaste y el cansancio que genera una espera prolongada y, en última instancia, a la perseverancia y paciencia de quien requiere atención para abortar. Si, por caso, Silvana no hubiese estado dispuesta a permanecer esperando, difícilmente habría sido atendida, y, por tanto, no habría podido acceder a la ILE. Tal vez hubiese desistido de su derecho. Por otro lado, a juzgar por su relato, parecería que Silvina es merecedora de esa espera por haber ido “sin turno”, como si se tratase de un castigo. “Pasaban todas menos yo”, incluso quienes llegaron con posterioridad a ella, dice. En este sentido, la atención que fuese a obtener después de esa espera puede ser reinterpretada como un favor que le hacen a Silvana por haber ido sin turno. En segundo lugar, el relato se ve atravesado por la resignación tanto por parte de los dos varones que finalmente la atienden en el gesto que ella percibe de “no queda otra” que atenderla, como por parte de ella cuando, frente a las faltas de cumplimiento del Protocolo ILE, los dos profesionales de la salud hablan de “medidas y sonidos” y Silvana decide no decirles nada al respecto “no vaya a ser que no [le] hicieran la eco”.

Otras experiencias recuperan tránsitos que tienen puntos en común con el relato de Silvana. A Sole (33 años, Villa Mercedes – San Luis) no la dejaron ingresar al hospital donde la habían derivado desde el Programa de Salud de San Luis y, desde la ventana, la secretaria le dijo que “esas cosas no se hacen y que el médico tenía turno recién para el mes que viene”. Ante la negación de una práctica médica y con una espera larga como única solución, a Sole le sobrevino la “desolación”. Ana (14 años, Río Cuarto – Córdoba), una adolescente que mantenía la situación en secreto, contó “entre llantos” que en el hospital le dijeron que “no le darían la medicación sin acompañamiento de su madre”, aunque el Protocolo de ILE señala que las adolescentes entre 13 y 16 años pueden consentir autónomamente, siempre y cuando la práctica no implique un riesgo grave para su salud o su vida. Este documento recomienda, pero no exige el acompañamiento de alguna persona adulta de confianza. Finalmente, en la experiencia de L. se percibe, además, abandono y la pérdida de confianza de la ginecóloga que la atendió gran parte de su vida:

«No te puedo ayudar» me contestó. Le confié mi vida, los partos de mis dos hijas y, sin embargo, cuando la necesité para abortar me dejó sola. Es mi ginecóloga hace 15 años. Sabe todos los problemas de salud que tengo.

L., 30 años, Cervantes – Río Negro

En este fragmento se observa sorpresa por la respuesta seguida de una sensación de decepción que se deja entrever al expresar: “le confié mi vida” y “cuando la necesité para abortar me dejó sola”.

En suma, los destratos y atropellos referidos a las decisiones, la confianza y la confidencialidad de quienes deciden interrumpir su embarazo producen, según los diversos relatos, desesperación, miedo, incertidumbres, abandono, angustia y desolación. La conjugación de estos afectos puede conformar ambientes de tan poca contención emocional y de hostilidad en la atención sanitaria que alejen a las mujeres y otras personas con capacidad de gestar del sistema de salud dejando, nuevamente, a la intemperie a quienes necesitan abortar.

Sin embargo, la experiencia de acceso a la ILE no se expresa en una sola dirección, no es algo que únicamente puede inspirar alejamientos respecto del sistema de salud y resignación. En algunos casos, los relatos muestran de qué manera, incluso cuando lo que parece primar es una sensación de incertidumbre, resignación o angustia, se generan redes de afectos y de cuidados que habilitan que la experiencia sea vivida con cierto alivio o tranquilidad. Aquí entran en juego los contextos afectivos de quienes abortan y el papel de las socorristas que, conjuntamente, brindan acompañamiento y sostén a quienes quieren ejercer su derecho de abortar.

Algunas de las sensaciones más frecuentes que emergen de los relatos en este sentido involucran la amabilidad y calidez en la atención por parte de profesionales de la salud y, en algunos casos, también por personal administrativo, tal como muestra el relato a continuación:

[La socorrista] me pasó los contactos de los lugares públicos; sí, en los que podía elegir de acuerdo a mi comodidad, contactarme con una profesional que me iba a asistir para obtener la medicación y más información. Y así fue, tan simple como eso. Llamé al dispensario y la secretaria me preguntó para qué quería el turno. Di mil vueltas hasta que confesé: “me pasaron el número desde la red de socorristas”. Y de nuevo: afecto. Que sí, que me daba un sobre turno para no esperar, que me acerque. Fui, me recibieron, siempre mujeres, siempre sonriendo, siempre sabiendo. Me atendió la doctora quien me acompañó al igual que mi socorrista todo el tiempo que duró esto (y que aún no termina). Me explicó que iba a hacerme una entrevista, que me iba a explicar y que iba a pedir el Misoprostol, gratis. Que iba a tener una historia clínica y que todo iba a ser legal, por las buenas, y que no tenía que tener miedo ni vergüenza, que hay una red, bendita; pues no iba a ser bienvenida en todos lados, que la ecografía me la hacían en otro dispensario y que no me preocupe si en el pedido indicaba ILE, que era para cuidarme a mí, para no sentir los latidos y evitarme la angustia.

Zaida, 34 años, Sierras Chicas – Córdoba

La experiencia de Zaida muestra cómo las actitudes del personal sanitario se conjugan de manera tal que el acceso a la ILE no parece ser transitado en un mar de incertidumbres y atropellos. Por el contrario, Zaida registra el trato que tuvo en diferentes instancias como de “afecto”. Una de ellas es la actitud de esta secretaria, diametralmente opuesta a la espera que tuvo que atravesar Silvana en el sistema de salud: para quien solicita la ILE, el aborto es un asunto de suma urgencia y la

administrativa de ese dispensario así lo considera al darle un sobre turno para que no tenga que atravesar una espera. Otra de tales instancias se percibe cuando asiste al establecimiento sanitario donde la recibieron “siempre sonriendo”, le dieron información y acompañamiento. Asimismo, en el relato se observa la puesta en práctica de estrategias de cuidado en el pedido de ecografía para evitar que a Zaida le pase una situación similar a la de Silvana. Finalmente, este fragmento también nos permite pensar sobre algunas cuestiones que, tradicionalmente, están alrededor de los embarazos y los abortos. Por un lado, la aclaración de ILE en el pedido de ecografía reafirma la idea que un embarazo no necesariamente implica felicidad, que no es una experiencia que solo puede ser vivida de una única manera. Por otro lado, a diferencia de algunos imaginarios y narrativas dominantes sobre el aborto, a Zaida le explican todo el proceso para que no tenga “miedo ni vergüenza”.

En esta misma sintonía puede interpretarse la experiencia de Valentina. Describe un ambiente de “amabilidad, cordialidad, empatía” donde era importante cómo se iba sintiendo ella durante todo el proceso. Además, señala ciertas atenciones excepcionales con ella para que esté tranquila y cómoda; por ejemplo, la ecografía posterior y la merienda. En este caso se percibe una predisposición a la escucha por parte del equipo de salud que la atendió, al tener en consideración una “mala experiencia” previa.

Amabilidad, cordialidad, empatía, predisposición, paciencia, acompañamiento. Antes, durante y luego del proceso. Se ocuparon que esté cómoda en todo momento, cada instante me preguntaban por cómo me sentía, me brindaron un calmante para poder estar más tranquila, hasta me hicieron un eco luego del proceso para darme más tranquilidad, aunque todo había salido bien. Esto fue una excepción que hicieron para conmigo, ya que había tenido mala experiencia en otro proceso fuera de la provincia. Luego, hasta me brindaron una merienda completa y cuando confirmaron que estaba bien me retiré del lugar con todas las indicaciones, número de guardia y hasta me fui con un método anticonceptivo.

Valentina, 30 años, Córdoba

Otras experiencias también dan cuenta de la atención en un marco de amabilidad, en que se brinda información, que se busca dar tranquilidad a quién solicita la ILE y se tiene en consideración el tiempo para no recaer en las esperas. Según Julieta (18 años, Tucumán), la conjugación de esos elementos favoreció a que su “experiencia no [sea] traumática, ni mucho menos desgarradora, ni dolorosa”. Otros relatos dan cuenta de la presencia de una “mirada contenedora amorosa, una mirada que no juzgaba” dentro de un consultorio, de la “preocupación y ocupación” por parte de profesionales de la salud durante el proceso, de quienes se “tomaron su tiempo para escucharme” y de saludos amables.

En los párrafos anteriores, los relatos muestran la presencia de otros afectos presentes en la configuración de la experiencia de acceso a la ILE. En estos casos, la calidez, la presencia de articulaciones, las estrategias de cuidados, la amabilidad, la preocupación por el bienestar de quien aborta aparecen en diversos gestos y actitudes como miradas, escuchas o preparación de meriendas que pueden generar ambientes más amigables de atención. En suma, tanto aquellas actitudes, gestos y acciones que generan acercamientos como las que, por el contrario, producen alejamientos, permiten pensar en contextos más o menos hostiles que configuran el modelo de atención sanitaria cuando se trata del derecho a decidir. La experiencia de la ILE puede ser transitada en entramados institucionales más vinculados con la espera eterna o a la resignación respecto de los tratos, y también en configuraciones que se aproximan a climas y ambientes de amabilidad, de no hostilidad y de escucha. Es decir, puede realizarse con otras personas y lograr, como resultado final, habilitar sensaciones de alivio y tranquilidad. Si, como señala Joan Scott, la experiencia está en disputa y es política, mostrar las diversas maneras de acceso a la ILE abre nuevas maneras de pensar y de reflexionar sobre tales experiencias lo cual, al mismo tiempo, habilita otras maneras de pensar las transformaciones necesarias dentro de esos entramados institucionales.

Julia Burton, Socorristas en Red.

Argentina, 2 de noviembre de 2020


[i] Ahmed, Sara (2015). La política cultural de las emociones. México: PUEG-UNAM.

[ii] Scott, Joan (2001). “Experiencia”. La ventana. Vol. 2 N° 13. Pp. 42-74.

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